martes, 20 de agosto de 2013

Qué complicado es el negocio de la vida.

Es tan complicado el negocio de la vida, cuando le dedicas todo el tiempo que tenes a un sueño, porque te dijeron que hay que luchar por los sueños y al final nunca sabes si vas a lograrlo, o lo alcanzas y pensabas que así ibas a ser feliz, pero resulta que no te sentís feliz.

Tanto nos complicamos que me vienen tantas preguntas a la cabeza: ¿Para qué hacemos planes si sabemos que el futuro nunca es seguro? ¿Para qué nos esmeramos estudiando una carrera si sabemos que mañana mismo podemos morir? ¿Para qué soñamos si el presente es la vida que tenemos?... son tantas preguntas sin respuestas, y tantas cosas que seguiremos haciendo sin saber por qué.

Nos matamos trabajando y algunos hasta se dan el lujo de ahorrar pensando en un futuro, invertimos nuestro dinero en planes para el mañana, y el presente no disfrutamos al cien por ciento, todo porque el mañana es más importante, cuando el mañana muy pronto es vuelve ayer, y el ayer ya no podemos cambiarlo solo recordarlo.

Nos cuidamos demasiado porque tenemos miedo a equivocarnos o tropezar con la misma piedra de ayer, lo que nos pasó alguna vez nos dolió y no queremos volver a pasar por lo mismo y nos cerramos a nosotros mismos, nos negamos a la oportunidad de volver a equivocarnos con el propósito de aprender más cada vez, total somos humanos y equivocarse es una cualidad nuestra.

Y la vida se vuelve más difícil cuando volver a confíar en la gente es un desafío de todos los días, y cuando lo hacemos nos traicionan de vuelta y a veces de las persona  menos esperada. Todo se complica más aún a medida que crecemos y abrimos los ojos a la verdad pero es preferible la verdad a que nos mientan, pero cuando sabemos la verdad nos duele, qué complicados somos, y lo que duele no es la verdad en sí, sino que no sea como nos gustaría.


Decimos siempre “yo en su lugar haría esto”, pero cuando nos toca algo difícil hacemos lo contrario sin saber por qué, y es que las cosas nunca son seguras en el negocio de la vida ni nuestros propios actos. Nos movemos por el sentimiento, planeamos pensando en el futuro, nos alegramos en el presente por un rato y nos amargamos por el pasado, que ya no volverá. 

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